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Franchiotti, "La Nación" y Duhalde
by mj Monday, Jul. 01, 2002 at 2:00 PM mail:

Por Martín Granovsky

Parece instalarse la idea mágica de que "el periodismo", así, genéricamente, ayudó a descubrir la verdad sobre la masacre de Avellaneda. No es cierto. Una parte del periodismo hizo tremendos esfuerzos iniciales por encubrir a los asesinos. Y algunos inclusive explicaron los homicidios con argumentos de la dictadura.
Cortar calles o rutas "resulta un atropello que puede desatar consecuencias imprevisibles", escribió Fernando Laborda en La Nación del jueves. El comisario Alfredo Franchiotti no lo hubiera dicho mejor. Laborda contó que el 6 de febrero último en Monte Grande "cuando un piquete cortaba la ruta 205 un automóvil superó la posición del patrullero policial estacionado preventivamente; su conductor pretendió burlar la línea de las cubiertas que ardían y los piqueteros trataron de detenerlo". Dice el artículo de Laborda: "Ante la resistencia del automovilista, se generaron forcejeos y situaciones de violencia que terminaron cuando quien manejaba el auto extrajo un arma de fuego y mató a uno de los integrantes del piquete".
Todo muy simple. Un pobre vecino enojado que, henchido de ira, y quizás atemorizado, hasta aterrado por las hordas, produjo lo que Laborda llamaría "una consecuencia imprevisible: mató. Pero, ¿fue todo tan imprevisible? Este diario publicó el 7 de febrero una nota de Horacio Cecchi informando sobre el episodio. Según el artículo, el comerciante Jorge Bogado al mando de un Falcon blanco trató de sortear el piquete, después de haber esquivado misteriosamente el retén policial, conduciendo el volante con la izquierda y disparando su Taurus 9 milímetros con la derecha. Cuando unos metros después se le acercó el piquetero Hugo Barrionuevo, de 28 años, Bogado le apuntó a la cabeza y tiró. Recién entonces apareció la policía. “El comerciante habría disparado al aire", dijo el subcomisario Claudio Boriani, de la sección quinta de El Jagüel, como si hablara de patos. Barrionuevo murió. Los piqueteros denunciaron que debieron insistir para que les tomaran declaración como testigos. Cecchi escribió también que Bogado goza de la confianza de los intendentes de Esteban Echeverría, Alberto Groppi, y de Ezeiza, Alejandro Granados.
Es siempre la previsibilidad de lo imprevisible. Los malos policías no cumplen su función, o se distraen, o provocan. Después amparan y mienten. El poder político territorial da cobertura. La Justicia, duerme. Laborda, naturalmente, no consigna ese nivel de detalle, ni siquiera para cuestionarlo, y en su artículo no hay una sola sospecha sobre la responsabilidad de la policía. En sintonía con las fuerzas de seguridad y con el Gobierno difunde la idea de una supuesta guerra interna piquetera e ignora tanto los balazos sobre la avenida Pavón como la masacre de la Estación Avellaneda.
Cualquiera podría pensar que el miércoles Laborda, otros periodistas y el Gobierno no sabían aún lo que había pasado. Sin embargo, era público. Tan público que Página/12 describió la realidad en la edición del mismo jueves 27 de junio, es decir en caliente y al día siguiente de la matanza.
Una nota decía que los dos muertos habían caído escapando de la policía. Consignaba el relato de Norma Giménez. A su sobrino Leonardo Torales le habían perforado un pulmón. Las balas no eran solo de goma.
Otro artículo ponía el relato de Pablo Solana. "Estábamos escondidos en la estación de Avellaneda cuando la policía entró tirando balas de plomo y gases", dijo. También contó que Darío Santillán había sido asesinado mientras auxiliaba a un herido, que resultó ser Maximiliano Kosteki, al final también muerto.
El diario definió lo ocurrido como "cacería policial".
Una nota relató la trastienda de la estrategia oficial para culpar de todo a los piqueteros. Con la ayuda de una notable foto, un artículo narró la invasión de un local del PC-Izquierda Unida a manos de una patota policial. Las fuerzas de seguridad no se habían extralimitado. Habían decidido copar Avellaneda como si fuesen bandas. Esos policías, ¿siguen en actividad? ¿La Justicia ya los investiga?
Página/12 recogió la primera confesión de un funcionario de seguridad del Gobierno bonaerense. "Es posible que algún efectivo se haya visto encerrado y sacó un arma; no descarto que, creyéndose hostigado, haya empezado a tirar", dijo. "Tiene que haber filmaciones de lo que ocurrió, y seguramente veremos a algún policía, asediado por manifestantes, tal vez tirado en el piso y recibiendo palos, que saca un arma y tira, tira y tira", anticipó. Cierto, aunque filmaciones y fotos muestran que hubo asesinato sin asedio anterior.
La conclusión de la cobertura era que un territorio completo había sido copado por fuerzas dedicadas a arrojar gases a quemarropa (que pueden matar, como revela el asesinato del militante peronista Ramón Cesaris en los ‘70), asesinar con balas de plomo, ingresar en terrenos privados sin orden de allanamiento y ocultar evidencias. Un plan.
Esa conclusión estaba a disposición de cualquiera que tuviese la mínima disposición de reconstruir los hechos, hablar con testigos en el Hospital Fiorito, sondear a policías en actividad y en retiro, mirar las filmaciones de televisión y revisar las fotografías.
No fue la conclusión del Gobierno, que de inmediato difundió la estupidez de la interna piquetera en una maniobra que, al principio, juntó a halcones y palomas. Y no se trataba de ignorancia. Alfredo Atanasof y Jorge Matzkin, que aún siguen siendo jefe de gabinete y ministro del Interior, desempolvaron discursos al estilo de los de 1975 para plantear que el problema no era el asesinato de civiles a cargo de la policía - y, de paso, no importa quiénes sean los civiles, si santos o demonios, lo que importa es que la policía nunca puede ser homicida - sino la insurrección que buscaría revolucionar a la Argentina decente y pacífica. Tampoco es simple ignorancia el artículo de Laborda soslayando la cacería, como no fue ignorancia el entusiasmo con que los directivos de La Nación acompañaron la cacería que emprendió la dictadura.
Página/12 entregó a sus lectores indicios certeros de que la policía ejecutó un plan de matar. Lo hizo un día antes de que aparecieran las extraordinarias fotos de Pepe Mateos, Mariano Espinosa y Sergio Kowalewski. No se trató, por supuesto, de una primicia. La realidad estaba ahí, al alcance de cualquiera. De cualquiera que quisiera verla. Y era fácil verla. Solo bastaba con recoger los datos elementales y unirlos con la historia:
- Estaba claro que la izquierda y la ultraizquierda pueden ser pérfidas, y aun sanguinarias, pero sus militantes no suelen matarse en manifestaciones.
- La Bonaerense nunca terminó de ser democratizada en casi 20 años de democracia.
- La fuerza estuvo implicada en el asesinato de José Luis Cabezas.
- Cuando los funcionarios políticos enarbolan el discurso de mano dura, como Atanasof, Matzkin y el canciller clandestino Carlos Ruckauf, la policía mata.
- Siempre que hubo muertos en manifestaciones, a la larga se descubrió que las balas eran policiales.
- Los dirigentes políticos dan aire a la policía con la idea cándida, por pensar bien, de que la policía no los fastidiará si no se le corta la red ilegal de financiamiento territorial. Pero cuando la dejan sola la policía actúa según su naturaleza de fuerza nunca regenerada: una banda que delinque y destruye las pruebas del delito. Esa era la historia real que el Gobierno quiso distorsionar. Después, fiel a su propio estilo de barquinazos, el presidente Eduardo Duhalde cambió. El primer día, el miércoles, no tuvo una actitud digna: calló durante horas, enclaustrado, pensando en sus costos, cuando dos argentinos habían muerto. Ni siquiera fue capaz de lamentar humanamente las muertes. Después, el jueves, habló de cacería. Está bien el cambio, pero resulta poco creíble si Duhalde no explica ahora dos enigmas. Uno, por qué una fuerza federal, la Prefectura, incursionó en Avellaneda más allá del puente Avellaneda. Ante un agudísimo interrogatorio de Nelson Castro, el subsecretario de Seguridad, Carlos María Vilas, calificó esa incursión de "indisciplina". Falta aclarar si la Prefectura solo desobedeció una orden o si cumplió órdenes de alguna cadena de mandos contra natura. Y la segunda pregunta para Duhalde es cómo puede ser que la matanza haya sido cometida por una fuerza asentada en el sur del Gran Buenos Aires, con jefatura en Lomas de Zamora. Es la misma zona de donde provienen los principales secretarios del Presidente y el propio Presidente. Esta vez no actuó la policía de Mar del Plata, Pinamar o Ramallo. Actuó la policía de su casa. Y desplegó un plan criminal.

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Franchiotti, "la nacion" e Duhalde/traduzione articolo di "pagina/12"
by alaxsa Monday, Jul. 01, 2002 at 2:00 PM mail:

traduzione articolo di "pagina/12"
Franchiotti, "la nacion" e Duhalde

Por Martín Granovsky

sembra diffondersi l'idea magica che "il giornalismo", così inteso genericamente, abbia contribuito a scoprire la verità sul massacro di Avellaneda. Non è così. Una parte del giornalismo ha fatto inizialmente enormi sforzi per coprire gli assassinii. Ed alcuni, inoltre, hanno spiegato gli assassini con le parole della dittatura.
Bloccare strade o rotte "risulta essere un sopruso che può provocare conseguenze imprevedibili", ha scritto Fernando Laborda ne "la nacion" del giovedì. Il commissario Alfredo Franchiotti non lo avrebbe potuto dire meglio. Laborda racconta che il 6 di febbraio en Monte Grande "quando un picchetto bloccava la strada 205 un automobile ha superato la posizione della pattuglia di polizia che stazionava preventivamente; il conducente ha tentato di superare la linea del blocco e i piqueteros hanno tentato di fermarlo".
Continua l'articolo del Laborda:" davanti alla resistenza dell'automobilista si generarono liti e situazioni di violenza che terminarono quando l'automobilista estrasse una pistola e uccise uno dei partecipanti al picchetto.
Tutto molto semplice. Un povero contribuente irritato che, colmo d'ira, e chissà forse impaurito,terrificato dalla banda, ha fatto ciò che Labora chiamerà "una conseguenza imprevedibile": uccise. Ma fu tutto davvero tanto imprevedibile? Questo giornale pubblicò, il 7 di febbraio, una nota di Horacio Cecchi informato dei fatti. secondo l'articolo, il commerciante Jorge Bogado a bordo di un Falcon bianco tentò di superare il picchetto, dopo aver misteriosamente schivato il blocco di pattuglia, tenendo il volante con la sinistra e sparando su Taurus 9 millimetri con la destra. Quando qualche metro dopo gli si avvicinò il piquetero Hugo Barrionuevo, di 28 anni, Bogado gli puntò alla testa e sparò. A questo punto è comparsa la polizia. "Il commerciante ha sparato in aria", ha detto il subcommissario Claudio Boriani, della quintq sezione di Jaguel, come se stesse parlando di "patos". Barrionuevo morì. I piqueteros denunciano di aver dovuto insistere perchè fossero raccolte le loro dichiarazioni come testimoni. Cecchi ha anche scritto che Bogado gode della confidenza degli intendenti di Esteban Echeverria,Alberto Groppi, e di Ezeiza e Alejandro Granados.
E' sempre la prevedibilità dell'imprevedibile. I poliziotti non compiono le loro funzioni, o si distraggono o provocano. Successivamente si proteggono e mentono. Il potere politico territoriale fornisce copertura. La giustizia dorme. Laborda, naturalmente, non considera questo livello di dettagli, ne si preoccupa di porre domande, nel suo articolo non c'è un solo sospetto sulle responsabilità della polizia. In sintonia con le forze di sicurezza e con il governo diffonde l'idea di una supposta guerra interna fra i piqueteros ed ignora i colpi d'arma da fuoco esplosi sulla avenida pavon, come il massacro della stazione di Avellaneda. Alcuni potrebbero pensare che il mercoledì nè Laborda, come altri giornalisti e il governo, non sapessero quello che realmente era accaduto. Senza dubbio era pubblico. tanto pubblico che pagina/12 ha descritto la verità nell'edizione stessa del giovedì 27 giugno, vale a dire durante ed il giorno dopo la mattanza.
Una nota, estratta dalla relazione di Norma Gimenez, afferma che i due morti sono stati uccisi mentre scappavano dalla polizia. Al suo nipote hanno trapassato un polmone. I proiettili non erano solo di gomma. Un altro articolo riporta la testimonianza di Pablo Solana. "eravamo nascosti all'interno della stazione quando la polizia è entrata sparando proiettili di piombo e gas", racconta. racconta anche che dario Santillan è stato ucciso mentre stava soccorrendo un ferito, che risultò essere Maximillano Kosteki, alla fine anche lui morto. Il giornale definì l'accaduto come "caccia poliziesca".
una nota racconta gli sforzi della strategia ufficiale per incolpare di tutto i piqueteros. Con l'aiuto di una foto, un articolo narra l'invasione operata da una pattuglia di patota in un locale del PC-Izquierda unida. Le forze di sicurezza non si son poste limiti. Hanno deciso di occupare Avellaneda come se fossero una banda. Questi poliziotti, continuano la loro attività? La giustizia li sta investigando? Pagina/12 ha raccolto la prima confessione di un funzionario di sicurezza del governo bonaerense. "E' possibile che qualche effettivo, sentendosi chiuso, abbia estratto un'arma; non escludo che , sentendosi in pericolo, abbia cominciato a sparare", ha detto. "devono esserci filmati di quello che è successo, e sicuramente vedremo alcuni poliziotti, assediati dai manifestanti, alcune volte colpiti con pali, che estraggono l'arma e sparano, sparano e sparano", ha anticipato. Certo, anche se foto e filmati mostrano che gli assassinii si sono consumati senza l'assedio precedente. La conclusione della copertura era che un territorio completo era stato occupato da forze intente a lanciare gas a bruciapelo (che possono uccidere come rivela l'assassinio del militante peronista ramon Cesaris negli anni 70), uccidere con pallottole di piombo, entrare in terreni privati senza ordine di perquisizione e occultare l'evidenza. Un piano. Questa conclusione era raggiungibile da chiunque avesse avuto l'intenzione di ricostruire i fatti, parlare coi testimoni all'ospedale Fiorito, monitorare i poliziotti in attività e in ritiro, guardare i filmati delle televisioni e rivedere le fotografie. non fu però la conclusione del governo, che nell'immediato ha diffuso la panzana della lotta interna ai piqueteros in una manovra che, al principio, ha unito i falchi alle colombe. E non si trattava di ignoranza. Alfredo Atanasof e Jorge Matzkin, che continuano ad essere rispettivamente capo di gabinetto e ministro degli interni, rispolverano discorsi in stile 1975 per rimarcare che il problema non sia l'assassinio di civili ad opera della polizia-e, di pari passo, non importa chi siano questi civili, se santi o demoni, quello che importa è che la polizia mai può essere omicida-finchè l'insurrezione che vuole portare l'argentina alla rivoluzione resta pacifica e decente. Come non può essere ignranza l'articolo di Laborda che sostiene la caccia, come non fu ignoranza l'entusiasmo con il quale il direttivo de "la nacion" accompagnò la caccia intrapresa dala dittatura.
Pagina/12 ha offerto ai suoi lettori indizi certi di come la polizia abbia eseguito un piano per uccidere. Lo ha fatto un giorno prima che comparissero le strordinarie foto di Pepe Mateos, Mariano Espinosa e Sergio Kowalewski. Non si trattò, come supposto, di una primizia. la realtà stava lì, a disposizione di chiunque. Di chiunque che avesse voluto vederla. Ed era facile vederla. Era sufficiente raccogliere i dati fondamentali ed unirli con la storia:
-era chiaro che la sinistra e l'estrema sinistra possono essere perfide , e a volte sanguinarie, però i loro militanti non sono soliti uccidersi durante le manifestazioni.
-La Bonaerense non ha mai terminato la transizione democratica in quasi 20 anni di democrazia.
-Le forze di sicurezza furono implicate nella morte di Cabezas.
-Quando i funzionari politici imbastiscono il discorso della mano dura, come Atanasof, Matzkin e il cancellire clandestino Carlos Ruckauf, la polizia uccide.
-Sempre quando ci sono stati morti nelle manifestazioni, si è poi scoperto che i colpi sono stati sparati dalla polizia.
-I dirigenti politici danno credito alla polizia, per pensare bene, per il fatto che la polizia non li infastidirà se non tagliano loro la rete illegale di finanziamento territoriale. Però quando la lasciano sola, la poizia attua secondo la sua naturalezza di forza per nulla rigenerata: una banda che delinque e che distrugge le prove dei suoi delitti. Questa era la storia reale che il governo ha voluto distorcere. Dopo, fedele al suo stile da baraccone, il presidente Eduardo Duhalde ha cambiato. Il primo giorno,il mercoledì, non ebbe un'attitudine degna: incastrato, pensando ai suoi costi, quando due argentini erano morti.
tantomeno fu capace di lamentarsi umanamente per le morti.
successivamente, il giovedì, parlò di caccia. Sta bene il cambio ma risulta poco credibile se ora Duhalde non fa chiarezza su due enigmi.
uno, perchè un aforza federale, la prefectura, sia entrata in Avellaneda molto più in là del ponte. in un interrogatorio annacquato condotto da Nelson Castro, il sottosegretario alla sicurezza Carlo Maria Vilas, qualificò questa incursione come un "atto indisciplinato". Resta da chiarire se la prefettura abbia solo disobbedito ad un ordine o se abbia compiuto quanto ordinato da una catena di comando innaturale. E la seconda domanda per Duhalde è come può essere che la mattanza sia stata compiuta da una forza distaccata nel sud del Gran Buenos Aires, con i capi in Lomas de Zamorra. E' la stessa zona dalla quale provengono la maggior parte dei segretari del presidente ed il presidente stesso. Questa volta non ha operato la polizia di Mar del Plata, Pinamar o Ramallo. Ha operato la polizia di casa sua. E ha dispiegato un piano criminale.


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